¿Por qué el apego importa?
De éste depende la forma en que tu bebé se relacionará de adulto. Existen distintos tipo y el de cada persona se forma durante los primeros 2 años, pero permanece toda la vida e influye incluso en cómo educará a sus propios hijos.
Por eso, comprender tu propio estilo de apego te servirá para saber cómo te sentiste y te desarrollaste durante la infancia para identificar si de alguna manera -ya como mamá- estás limitada a nivel emocional. Debes reconocer lo que necesitas cambiar para mejorar tus relaciones cercanas, sobre todo con tu hijo.
Así funciona el apego:
- Refuerza el sentimiento de seguridad para explorar lo desconocido.
- Fortalece emocionalmente para hacer frente a situaciones difíciles.
- Favorece la socialización.
Personalidad según el apego
La forma en que los padres responden a los niños durante sus primeros 2 años de vida establece los patrones de apego que formarán.
Hay 4 tipos de apego descritos y las posibles consecuencias o resultados que pueden tener para cada persona cuando llegan a la edad adulta.
1. Apego seguro:
Ocurre cuando el bebé forma un apego emocional con un adulto que está sintonizado emocionalmente con él, que es sensible y responde a sus requerimientos.
Es vital que esta figura de apego permanezca como alguien que lo cuide hasta los 2 años. Después, el niñ@ comenzará a ver al adulto como una base segura desde la cual puede volverse más independiente.
Al contar con cuidadores sensibles a sus necesidades, est@ bebé tendrá confianza en que estarán disponibles cuando lo necesite, que responderán y que le ayudarán en la adversidad. De ahí que sus relaciones interpersonales tenderán a ser más cálidas, estables y satisfactorias. Respecto a sí mismos, las personas que crecen con este apego suelen ser más positivas, integradas y con perspectivas coherentes de sí mismos. Sus relaciones tienen más posibilidades de estar balanceadas porque actúan con seguridad, independencia y confianza.
2. Apego inseguro evitativo:
Sucede cuando tu bebé está rodeado de adultos inaccesibles emocionalmente y, por lo tanto, inconscientes de sus necesidades. Quienes cuidan al bebé muestran una respuesta muy pobre o nula cuando se lastima o está ansios@, desaprueban el llanto y fomentan una supuesta independencia. En consecuencia, el bebé tiene poca confianza en que será ayudado y se desarrolla rápidamente para convertirse en un «pequeño adulto» que cuida de sí mismo. Los niños con este apego intentan no necesitar nada de nadie para evitar el contacto; se encierran en sí mismos y bloquean sus emociones.

Los adultos que tuvieron este tipo de apego tienden a ser solidarios porque consideran que las relaciones y las emociones tienen poca importancia. Son excesivamente racionales y reprimen sus sentimientos, y por lo general evitan cualquier situación angustiante.
3. Apego ambivalente o ansioso:
En este patrón los padres o adultos responden de forma inconsciente a lo que puede requerir el bebé: a veces sus respuestas son oportunas, pero otras actúan de manera insensible. Los niños que reciben este trato terminan por sentirse confundidos e inseguros porque no saben qué esperar y reflejan esta desconfianza hacia los demás. Es común que la presencia de sus padres les angustie pero al mismo tiempo se aferran desesperadamente a ellos, llegando incluso a golpearlos.
De adultos son excesivamente autocríticos e inseguros. Son dependientes, o sea, buscan de forma inconsciente la aprobación de los demás para resolver sus inseguridades. En sus relaciones se muestran continuamente desconfiados y preocupados porque en el fondo sienten que van a ser rechazados. En ocasiones, su desesperación por mantenerse cerca de alguien los lleva a actuar contra sí mismos, cediendo a cualquier demanda.
4. Apego desorganizado:
Se da cuando, desafortunadamente, los padres le generan al bebé experiencias aterradoras. En este caso el adulto tiene respuestas inadecuadas, como actuar de manera agresiva o desesperada, lo cual termina por confundir al bebé causándole una sensación de inseguridad y ansiedad. También se produce cuando se abusa emocional o físicamente del bebé; su sistema emocional colapsa porque, por su lado instintivo, desea acercarse a la figura de apego pero, por el otro, desea alejarse. Estos niñ@s están sujetos a un terrible dilema emocional: su instinto de supervivencia les dice que huyan a buscar seguridad, pero su seguridad es la persona que los está aterrando. En estas situaciones, por lo general se aíslan de sí mismos (disociación) y bloquean de su conciencia lo que están experimentando.
Ya que de niños reprimieron sus sentimientos durante los incidentes traumáticos, como adultos continúan, de algún modo, separados de sí mismos. Desean establecer relaciones y se sienten cómodos en ellas hasta que se cierran emocionalmente. En este punto, los sentimientos que reprimieron durante su infancia salen a la superficie y, sin darse cuenta de que éstos provienen de su pasado, los trasladan al presente. Debido a esto, interpretan las cosas como algo peligroso y reaccionan de manera impulsiva, con tres tipos de conducta:
- Se congelan porque se sienten desesperados e impotentes, sin posibilidad de obtener ayuda.
- Huyen porque sienten que están cerca de un riesgo terrible del que deben alejarse.
- Pelean y buscan defenderse de ese peligro con una violencia desproporcionada.Ya que no tienen un sentido real y coherente de sí mismos, nunca logran establecer una conexión auténtica con los demás.
Favorece su apego seguro
- Muéstrate disponible física y afectivamente a sus necesidades.
- Demuéstrale amor incondicional.
- Favorece su independencia gradualmente, evita hacer todo por él y permite que viva experiencias nuevas.
- Ten contacto físico positivo con él todos los días. Si es bebé, cárgal@ con firmeza, mécel@, cántale, míral@ a los ojos, bésal@.
- Procura estar realmente con tu bebé por lo menos un par de horas al día; esto significa sin celulares o TV.




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