Si eres madre y crías sin la presencia del padre, recuerda que cada familia tiene una historia distinta. No tienes que cargar con culpa ni explicar a tu hijo detalles que todavía no puede comprender.
La ausencia de un progenitor puede traer retos prácticos y emocionales. Apoyarte en personas de confianza y pedir ayuda no disminuye tu capacidad para cuidar a tus hijos.
La crianza necesita afecto, estabilidad y cuidados; esas necesidades pueden atenderse en distintas formas de familia.
Un hogar encabezado por una mujer no equivale necesariamente a un hogar de madre soltera. Evitemos usar esas categorías como si fueran iguales o valorar a una familia solo por su composición.
Las preguntas sobre el padre pueden aparecer a distintas edades. Escucha qué quiere saber tu hijo y responde con honestidad, de forma breve y adecuada a su comprensión.
Si ya le has dado otras respuestas no muy atinadas o impulsivas, no hay problema: puedes aclararlas con honestidad, sin inventar hechos ni prometer un regreso que no puedes asegurar. Respira y apóyate en estos consejos:
1. Explícale que su familia sólo es distinta
Al hacerlo, dile que no todas se componen de un par de esposos y dos hijos. Explícale y hazle sentir que lo más importante de este núcleo es que se integre por personas que se aman y se cuidan entre sí. Utiliza cuentos para plantearle diferentes modelos que incluyan a sus abuelos, sus primos o sus tíos.
2. Sé sincera
Para contarle qué pasó con su papá, usa un lenguaje que pueda comprender a su edad pero sé lo más honesta posible para, además, establecer las bases de una relación de confianza y comunicación. Dale una idea general y evita los detalles, por ejemplo: decidimos vivir separados, se mudó a otro lugar, etc.
3. Hazl@ sentir complet@
No necesitas imitar un supuesto rol masculino. Pueden jugar, hacer deporte, cocinar o conversar juntos sin asignar esas actividades a un género. Si cuentan con familiares u otras personas de confianza, su apoyo puede enriquecer la red de cuidados.
4. Refuerza su seguridad
Recuérdale que la ausencia del padre no es culpa suya y que su valor no depende de esa presencia. Permítele sentir tristeza, enojo o curiosidad sin pedirle que tome partido. Si el tema le genera malestar persistente, pueden buscar orientación profesional.






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