LA INCONTINENCIA URINARIA
Se conoce como perdida involuntaria de orina y puede ser de dos tipos, asociada a esfuerzos como toser, reírse, correr, levantar cosas pesadas, etc, o se puede asociar a la presencia de un deseo de orinar difícil de controlar conocido como urgencia urinaria.
Usualmente la paciente presenta una combinación de los 2 grandes tipos anteriores aunque con predominio de alguna sobre la otra.

En cambio, si otra paciente nos dice que cada que va llegando y al abrir la puerta de su casa, o cuando lava los platos, o cuando escucha el agua del fregadero, o cuando toma café o algún tipo de alcohol, tiene el problema de que le tiene que correr para alcanzar a llegar al baño o en muchas ocasiones se le escapa la orina ante de llegar y que de hecho tiene que usar una toalla para no mojar su pantaleta y que solo cuando se aguanto mucho se le escapa la pipí cuando estornuda, entonces decimos que esta paciente tiene UNA INCONTINENCIA URINARIA MIXTA CON PREDOMINO DE URGENCIA.
Aunque ambas pacientes tienen incontinencia, la evaluación y el tratamiento pueden ser diferentes. Los escapes al esfuerzo no demuestran por sí solos un prolapso; se necesita historia clínica y exploración.
Ambas pueden beneficiarse de una valoración y de un plan adaptado a sus síntomas. Los tratamientos pueden mejorar la calidad de vida, aunque la respuesta y la complejidad varían.

Si la urgencia o los escapes cambian tus planes, pide una valoración. Puedes llevar un registro de líquidos, visitas al baño y pérdidas para explicar lo que te ocurre.
Recuerda, en ningún momento y bajo ninguna circunstancia es normal que pierdas orina!
LA INCONTINENCIA FECAL
La pérdida involuntaria de materia fecal, el manchado constante de la ropa interior de materia fecal, el no poder contener los gases intestinales o el tener que correr al baño al momento de sentir el deseo de evacuar NO ES NORMAL.
La incontinencia fecal puede relacionarse con diarrea, estreñimiento con rebosamiento, daño de los músculos o nervios del suelo pélvico, lesiones obstétricas, cirugía o prolapso. No debe atribuirse a falta de higiene.
Una lesión del esfínter anal relacionada con el parto puede manifestarse de inmediato o años después, pero no explica todos los casos. Si notas urgencia, manchado o pérdida de heces, coméntalo sin vergüenza.
El manejo comienza por identificar la causa y revisar la consistencia de las heces, la alimentación, los medicamentos y la función del suelo pélvico. Puede incluir ajustes dietéticos, tratamiento de diarrea o estreñimiento y rehabilitación con biofeedback.
En casos seleccionados se consideran neuromodulación o cirugía. Reparar un esfínter lesionado no siempre elimina los escapes y los resultados pueden cambiar con el tiempo.
La rehabilitación debe adaptarse a los hallazgos de la valoración. El fortalecimiento o la estimulación no son adecuados de la misma forma para todas las personas.
Si se propone un dispositivo vaginal o anal, deben explicarse su finalidad, alternativas y posibles molestias; no puede garantizarse ausencia de dolor. Detén el uso y solicita orientación si duele o sangras.
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La pérdida nueva de control urinario o fecal acompañada de debilidad en las piernas, adormecimiento en genitales o dolor lumbar intenso requiere atención urgente. También consulta pronto por sangre en las heces, dolor importante o un cambio persistente del hábito intestinal. NIDDK: incontinencia fecal.



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