Sabías que el dolor pélvico crónico (dolor en la región pélvica con una duración de más de 6 meses) es una de las causas mas frecuentes por las que la mujer consulta al ginecólogo.
Probablemente una de cada diez pacientes que acude a nosotros lo hace exclusivamente por ese motivo, y el porcentaje aumenta considerablemente si le preguntamos intencionadamente a las pacientes que acuden por cualquier otra molestia (es decir, son mujeres que tristemente se han acostumbrado a algo que no es normal y por lo tanto no buscan ayuda).
Consideramos como crónico un dolor que esta persistentemente presente por seis meses o más. Generalmente estas pacientes tienen también una alteración en el estado emocional, que, pudiendo ser debida al dolor crónico, hace que este cuadro sea más notorio.
El dolor es real aunque los estudios iniciales no encuentren una causa. Puede afectar el descanso, el trabajo, las relaciones y el ánimo; mereces que se escuche lo que sientes y se acuerde un plan de atención sin culparte ni minimizar tus síntomas.
Todo esto se explica si tenemos en cuenta que, generalmente, son pacientes que ya consultaron con varios especialistas y probablemente han recibido tratamientos tanto con antiinflamatorios como con antibióticos, sin obtener mejoría.
Cuando el dolor persiste o los tratamientos no ayudan, puede aparecer frustración. Es útil revisar el diagnóstico y las metas del tratamiento, y coordinar ginecología, fisioterapia de suelo pélvico, atención del dolor y otras especialidades cuando haga falta.
La valoración también puede incluir el sueño, el estado de ánimo y el impacto del dolor en la vida sexual, siempre con respeto y consentimiento. El apoyo psicológico puede ayudar a afrontar el dolor; no significa que sea imaginario ni una excusa para evitar relaciones sexuales.
Entre las causas físicas de dolor pélvico crónico tenemos principalmente patologías ginecológicas como endometriosis, adenomiosis, miomatosis uterina, adherencias, tumores ováricos, congestión pélvica, etc.
Pero no siempre el problema es ginecológico, ya que también, y con frecuencia, enfermedades del colon, de la columna, o incluso sistémicas como la porfiria podrían causarlo.
El síndrome de vejiga dolorosa o cistitis intersticial puede causar dolor, presión o molestias relacionadas con la vejiga, junto con síntomas urinarios. No todas las personas tienen una inflamación intensa visible. La evaluación busca descartar infección y otras causas.
Entre las causas de dolor pélvico crónico encontramos a la dismenorrea (mensturaciones dolorosas), endometriosis (presencia de tejido endometrial anormalmente fuera de la cavidad endometrial), el síndrome premenstural, dolor por la ovulación, la enfermedad pélvica inflamatoria (proceso infeccioso usualmente causado por una enfermedad de trasmisión sexual), la retroflexión uterina (mal posición del útero), congestión pélvica secundaria a cirugías, dispareunia (dolor al momento de tener relaciones sexuales), adherencias pélvicas (cicatrices internas usualmente secundarias a cirugías previas), síndrome de colon irritable, enfermedad inflamatoria intestinal, diverticulosis, cáncer ginecológico, proctalgia, apendicitis, colitis, cistitis intersticial, fibromialgia, miositis, alteraciones psiquiátricas, abuso sexual, depresión, abuso de sustancias, etc.
Las vías neurológicas del dolor en la pelvis son muy complejas, no es infrecuente que problemas en la llamada «pared abdominal», como una lesión nerviosa a nivel de los músculos del abdomen, haga que el paciente sienta el dolor como si proviniera de los ovarios. En casos como estos, una simple infiltración de anestesia en ese músculo puede hacer que desaparezca la molestia.
El tratamiento del dolor pélvico puede ser médico y/o quirúrgico.
El tratamiento médico puede tener 2 objetivos: Solo erradicar el dolor o tratar la enfermedad que esté generando el dolor, para así acabar con este. (obviamente esto es lo ideal).
Ejemplo de lo primero es la estimulación eléctrica transcutanea de los nervios, que se está usando para dismenorrea por endometriosis recidivante, mientras un ejemplo de lo segundo sería el tratamiento de fulguración de focos endometriosicos por laparoscopia en una paciente con endometriosis.
Cuando hay una indicación quirúrgica, la laparoscopia puede permitir diagnóstico y tratamiento en algunos casos. La vía y la necesidad de operar dependen de la causa probable y de las alternativas; no toda persona con dolor pélvico necesita cirugía.
La laparoscopia utiliza pequeñas incisiones para introducir una cámara e instrumentos. En procedimientos apropiados puede facilitar la recuperación frente a una cirugía abierta, pero sigue teniendo riesgos y no garantiza una recuperación rápida ni el alivio del dolor en todos los casos.
En pacientes con dolor pélvico crónico es muy frecuente encontrar endometriosis, y en estos casos, se resecan los focos grandes y se destruyen los pequeños. Siempre es recomendable intentar obtener alguna muestra para estudio patológico.
Las adherencias pueden encontrarse durante una cirugía, pero retirarlas no alivia necesariamente el dolor y puede causar nuevas adherencias o lesiones. La cirugía se considera solo si existe una indicación concreta y después de discutir beneficios, riesgos y alternativas.
La ablación laparoscópica de los nervios uterinos (LUNA) no se recomienda para el dolor pélvico crónico: no ha demostrado eficacia. No debe presentarse como una solución para un dolor cuya causa no está clara.
La neuromodulación no garantiza eliminar el dolor. En casos seleccionados y resistentes, un equipo especializado puede valorar técnicas dirigidas al sistema nervioso, teniendo en cuenta la evidencia, sus riesgos y otras opciones. El plan debe adaptarse a los síntomas y revisarse según la respuesta.
Vemos entonces, que el dolor pélvico crónico es un problema frecuente y complejo, donde se juntan componentes psicológicos y físicos, que muchas veces no conseguimos identificar plenamente.
La laparoscopia puede ser útil en casos seleccionados, pero no todas las personas con dolor pélvico la necesitan. La evaluación y el tratamiento deben adaptarse a la causa probable, las preferencias y la respuesta a opciones menos invasivas.
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